Diagnóstico Psicopatológico

El diagnóstico y la caracterización de un cuadro psiquiátrico esta basado sobre criterios que resultan vinculantes respecto al contexto sociocultural al que pertenece el paciente o “enfermo”. Esta clase de juicios no siempre son claros a la hora de establecer qué es y qué no es un trastorno o disfunción, pues contiene componentes valorativos que definen qué es comprensible y qué no, qué es racional o irracional, compulsivo o libremente elegido, esperado o inesperado; todo ello siempre en función de una situación particular.


El DSM IV realiza un avance importante al reconocer la importancia de los aspectos culturales e incluir invitaciones a reflexionar respecto del rol de la cultura en la expresión y valoración de los diferentes cuadros sindrómicos.  Los comentarios respecto a cuál es la importancia que tiene el contexto cultural al momento de definir qué es “normal” y “anormal”, cuáles son consideradas las formas aceptables para experimentar el sufrimiento o qué se entiende por trastorno mental, no abarcan más que algunas páginas y ciertos comentarios escuetos luego de la caracterización de cada trastorno, denominando la información como “síndromes dependientes de la cultura”. Se a establecido y abarcando un poco mas acerca de estos síndromes con las debidas observaciones culturales que engloban el nombre de cada trastorno, pero no se analiza con profundidad las implicaciones que dichos marcos culturales tienen en la elaboración misma de las taxonomías y los criterios diagnósticos ni sobre las formas en que la cultura configura y significa las experiencias de sufrimiento sin que exista un cuestionamiento profundo respecto al hecho de que las propias categorías diagnósticas están insertas en un sistema cultural.



Un punto clave para determinar cuándo estamos y cuándo no ante un trastorno mental, es la identificación de una disfunción interna como su causa. La presencia de un trastorno mental implica suponer la alteración de los mecanismos internos responsables del buen funcionamiento de las estructuras que posibilitan determinadas capacidades. Ey (2006) menciona que no es posible quitar al psiquiatra la responsabilidad de llevar a cabo un diagnóstico clínico, sin embargo es preciso que el especialista sea capaz de establecer de forma válida criterios independientes para determinar cuándo nos encontramos y cuándo no ante síntomas ocasionados por una disfunción interna. 

Por lo tanto, los manuales DSM terminan por considerar todos los síntomas (sean o no internos, esperables o desviados) como posibles signos de desorden, dejando a criterio del clínico el establecer si se trata o no de un signo de una disfunción subyacente.


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