Enfermedad y Trastorno Mental

En la concepción psiquiátrica tradicional ha prevalecido la idea de que cada categoría psicopatológica se corresponde con alguna clase natural y que los desórdenes psiquiátricos poseen, como los trastornos médicos, características etiológicas, patológicas, sintomatológicas, de prognosis y de respuesta al tratamiento, todo lo cual hace posible su identificación, descripción y abordaje por parte del especialista de forma semejante a cualquier otra enfermedad médica.

Partiendo de estos supuestos, la psiquiatría ha pretendido establecer un sistema de clasificación de las llamadas enfermedades mentales análogo a los sistemas taxonómicos de las otras ramas de la medicina.

Por lo tanto con el fin de unificar criterios taxonómicos y partiendo de una revisión profunda de los principios diagnósticos, se elaboraron los manuales DSM. A partir de la tercera edición, se adoptó el concepto de operacionalización de Bridgman para la elaboración de las categorías diagnósticas. Desde entonces el comité redactor muestra una tendencia a alejarse de cualquier clase de consideración psicogenética o etiopatológica en relación a los trastornos y a hacer hincapié, en cambio, en una descripción minuciosa de los aspectos sintomáticos que caracterizan los distintos cuadros psiquiátricos.

En el DSM IV se caracteriza al trastorno mental como un patrón o un síndrome psicológico o comportamental individual clínicamente significativo asociado con la presencia de estrés, discapacidad o con un incremento significativo de la posibilidad de sufrir muerte, dolor, discapacidad o pérdida de libertad. Pero por sobre todo se remarca que ninguna conducta, por muy desviada o conflictiva que pudiera resultar, constituye un desorden mental a menos que tal desviación o conflicto sea un síntoma de una disfunción subyacente que se da a nivel del individuo.

De igual manera una respuesta esperable a un evento particular no constituye un trastorno mental. Lo anterior supone que la sola presencia de «síntomas» no es jamás un indicador suficiente de la presencia de un trastorno mental. Debido a ello, los significados y valores culturales necesariamente constituyen un componente indispensable para una definición válida de lo que es un trastorno mental. En tal sentido, jamás puede obviarse que la clase de valoración que lleva a cabo el psiquiatra cuando determina la presencia de un trastorno mental o un «síntoma» es de una índole muy diferente a lo que pudiera ser la mera valoración del funcionamiento cerebral o de cualquier otro órgano.


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Referncias:
Duero, D. & Shapoff, V. (Julio-Diciembre 2009). EL CONFLICTO NOSOLÓGICO EN PSICOPATOLOGÍA: NOTAS CRÍTICAS SOBRE EL DIAGNÓSTICO PSIQUIÁTRICO. CES Psicología, Volumen 2, pp.26-34.


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